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09/05/2026

Puesta en marcha de piscinas después del invierno.

Cuando termina el invierno y empiezan a subir las temperaturas, llega el momento de revisar la piscina y preparar el agua para una nueva temporada de baño. Después de varios meses con poco uso, es habitual encontrar suciedad acumulada, restos de hojas, agua turbia o incluso presencia de algas.

La puesta en marcha de piscinas después del invierno es un proceso importante para recuperar el agua, proteger la instalación y evitar problemas cuando llegue el buen tiempo. No se trata simplemente de añadir cloro y esperar. Para conseguir un buen resultado, es necesario seguir un orden correcto y actuar según el estado real de la piscina.

En Marserena recomendamos realizar esta puesta a punto con antelación, antes de que el calor aumente y el agua se deteriore más rápido.

1. Retirar la cubierta y limpiar la superficie

El primer paso consiste en retirar la cubierta de la piscina con cuidado, evitando que la suciedad acumulada caiga dentro del agua. Si la cubierta tiene hojas, polvo o restos de lluvia, conviene limpiarla antes de quitarla por completo.

Una vez retirada, se deben eliminar hojas, insectos y restos flotantes con ayuda de recogehojas. También es recomendable revisar la línea de flotación, los bordes y las zonas donde suele acumularse más suciedad.

Esta primera limpieza permite empezar el tratamiento en mejores condiciones y evita que el filtro trabaje con más carga de la necesaria.

2. Revisar el nivel del agua

Antes de poner en marcha la depuradora, es importante comprobar que el nivel del agua sea correcto. Lo recomendable es que el agua quede aproximadamente a la mitad del skimmer.

Si el nivel está demasiado bajo, la bomba puede coger aire y funcionar mal. Si está demasiado alto, el skimmer no podrá recoger correctamente la suciedad de la superficie.

Aunque parezca un detalle básico, revisar el nivel del agua ayuda a evitar problemas en el sistema de filtración desde el primer momento.

3. Comprobar la depuradora y el sistema de filtración

Después del invierno, la depuradora debe revisarse antes de dejarla funcionando durante varias horas. El sistema de filtración es una parte fundamental en la recuperación del agua, por lo que no conviene empezar el tratamiento sin comprobar su estado.

Se recomienda revisar el prefiltro de la bomba, los cestillos de los skimmers, la presión del filtro, la válvula selectora, las juntas, las conexiones y posibles fugas.

Si el filtro es de arena o de vidrio filtrante, es aconsejable hacer un lavado y enjuague antes de iniciar la puesta en marcha completa. Si el material filtrante lleva varias temporadas sin cambiarse, también puede ser buen momento para valorar su sustitución.

Una depuradora en mal estado hará que el agua tarde mucho más en recuperarse, aunque se utilicen buenos productos.

4. Limpiar el fondo y las paredes

Durante el invierno, es normal que se acumulen restos de polvo, hojas, barro o pequeñas partículas en el fondo de la piscina. También pueden aparecer algas en paredes, escaleras, esquinas o zonas con poca circulación de agua.

Antes de aplicar tratamientos químicos, conviene retirar la mayor cantidad posible de suciedad. Para ello, se recomienda pasar el limpiafondos, cepillar paredes y escalones, y prestar especial atención a las zonas donde la suciedad esté más adherida.

Si el agua está muy sucia, puede ser necesario aspirar directamente a desagüe para evitar saturar el filtro. Este paso es importante porque no tiene sentido gastar producto químico si la piscina sigue llena de materia orgánica.

5. Medir y ajustar el pH

Una vez realizada la limpieza inicial, el siguiente paso es medir el pH del agua. Este valor debe corregirse antes de aplicar cloro o cualquier tratamiento de choque, porque de él depende en gran parte la eficacia de los productos.

El pH recomendado para una piscina suele estar entre 7,2 y 7,6. Si está fuera de ese rango, el cloro puede perder eficacia y el agua puede seguir turbia aunque se añada producto.

Si el pH está alto, será necesario utilizar un minorador de pH. Si está bajo, habrá que aplicar un incrementador de pH.

Este paso no se debe saltar. Ajustar el pH antes de desinfectar evita gastar producto de más y mejora el resultado del tratamiento.

6. Realizar una cloración de choque

Cuando el pH ya está ajustado, se puede realizar una cloración de choque para recuperar el agua después del invierno. Este tratamiento ayuda a eliminar microorganismos, materia orgánica y posibles algas acumuladas durante los meses de menor uso.

La cloración de choque debe aplicarse siguiendo siempre la dosis recomendada por el fabricante y teniendo en cuenta el volumen de agua de la piscina. Después de aplicarla, es importante dejar la depuradora funcionando durante varias horas para repartir bien el producto.

Si el agua está muy verde o muy deteriorada, puede que el resultado no sea inmediato. En esos casos, será necesario combinar el tratamiento con más horas de filtración y una limpieza posterior del fondo

Hipoclorito Sódico

Cloro Grano Rápido

7. Aplicar antialgas si es necesario

Si el agua presenta un tono verdoso, las paredes están resbaladizas o aparecen manchas en determinadas zonas, puede ser recomendable aplicar un antialgas como complemento al tratamiento principal.

El antialgas ayuda a prevenir y combatir la proliferación de algas, pero no debe utilizarse como sustituto del cloro ni de la filtración. Su eficacia será mucho mayor si el pH está correctamente ajustado y la depuradora funciona bien.

Usarlo sin limpiar, sin filtrar o con el pH descontrolado suele dar malos resultados. El producto ayuda, pero no hace milagros si el resto del proceso está mal planteado.

8. Utilizar floculante si el agua está turbia

Después de ajustar el pH y realizar la cloración de choque, puede ocurrir que el agua siga turbia o con partículas finas en suspensión. En ese caso, el floculante puede ser una buena solución.

El floculante líquido agrupa esas partículas pequeñas para que puedan ser retenidas por el filtro o depositarse en el fondo de la piscina. Después, será necesario pasar el limpiafondos con cuidado para retirar los restos acumulados.

Otra opción es el floculante gel, actúa reteniedo las partículas en suspensión en el filtro sin necesidad se pasar el limpiafondos.

Este producto es especialmente útil cuando el agua no está verde, pero tampoco termina de recuperar su transparencia.

9. Aumentar las horas de filtración durante la recuperación

Durante la puesta en marcha de la piscina después del invierno, la filtración debe trabajar más que en una fase normal de mantenimiento. No basta con añadir productos: el agua tiene que moverse y pasar por el filtro para recuperarse correctamente.

Una filtración insuficiente puede hacer que el agua tarde mucho más en aclararse o que vuelva a empeorar en poco tiempo. Por eso, durante los primeros días de recuperación, conviene aumentar las horas de depuración.

Cuando el agua ya esté clara, limpia y equilibrada, se podrá ajustar el tiempo de filtración según la temperatura, el uso de la piscina y el tamaño de la instalación.

10. Comprobar que el agua está lista para la temporada

Antes de dar por terminada la puesta en marcha, conviene realizar una última revisión general. La piscina debe tener el pH dentro del rango correcto, un nivel adecuado de cloro, el fondo limpio, el agua transparente y la depuradora funcionando con normalidad.

También es recomendable revisar skimmers, boquillas, escaleras, focos y cualquier otro elemento de la piscina antes de empezar la temporada de baño.

Solo cuando todos estos puntos están controlados puede considerarse que la piscina está preparada para su uso.

Conclusión

La puesta en marcha de piscinas después del invierno debe hacerse con orden: primero limpiar, después revisar la depuradora, ajustar el pH, desinfectar el agua, corregir posibles problemas de algas o turbidez y mantener una buena filtración.

Hacer este proceso correctamente ayuda a recuperar el agua con mayor rapidez, evita problemas habituales como el agua verde y reduce el gasto innecesario de productos.

En Marserena podemos ayudarte a elegir el tratamiento más adecuado según el estado real de tu piscina y asesorarte para que la puesta a punto sea más sencilla.

Si necesitas ayuda para preparar tu piscina después del invierno, ponte en contacto con nosotros y te orientaremos paso a paso.

piscina tormenta
13/02/2026

🌧️ Lluvias intensas, piscinas y nivel freático: el riesgo invisible que puede dañar tu piscina

Cuando hablamos de lluvias intensas, la mayoría de propietarios de piscinas piensa en agua sucia, hojas acumuladas o desequilibrios químicos. Sin embargo, existe un factor mucho más determinante y potencialmente peligroso que muchas veces pasa desapercibido: la subida del nivel freático.

Este fenómeno, completamente invisible desde el exterior, puede comprometer la estabilidad estructural de cualquier piscina enterrada, incluida una piscina de hormigón armado, si el vaso se encuentra vacío o parcialmente vacío durante un episodio de saturación del terreno.

Comprender qué es el nivel freático, cómo influye en la estructura y qué decisiones deben evitarse tras fuertes lluvias puede marcar la diferencia entre una simple corrección química y una reparación estructural de alto coste.


¿Qué es el nivel freático y cómo se comporta tras lluvias intensas?

El nivel freático es la altura a la que se encuentra el agua subterránea dentro del terreno(según define el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales). Se trata de una capa de agua acumulada en los poros del suelo, cuya posición varía en función de las precipitaciones, la permeabilidad del terreno y el sistema de drenaje existente.

En condiciones normales, el suelo mantiene un equilibrio hídrico estable. Sin embargo, cuando se producen lluvias intensas y continuadas durante varios días:

  • El terreno se satura progresivamente.
  • La capacidad de absorción disminuye.
  • El agua infiltrada eleva el nivel freático.
  • Aumenta la presión hidrostática bajo cualquier estructura enterrada.

La piscina, al estar alojada en el terreno, se ve directamente afectada por ese aumento de presión.


La física del problema: presión hidrostática y empuje ascendente

Desde el punto de vista estructural, una piscina enterrada funciona como un recipiente introducido en el terreno. Su estabilidad depende del equilibrio entre fuerzas.

Cuando la piscina está llena:

  • El peso del agua ejerce una carga vertical descendente.
  • Esa carga compensa la presión que ejerce el terreno saturado desde el exterior.

Pero cuando el vaso está vacío o contiene poca agua y el nivel freático asciende:

  • La presión exterior aumenta.
  • La fuerza ascendente puede superar el peso propio de la estructura.
  • Se genera empuje hidrostático.

Este fenómeno responde a principios físicos básicos de flotación. Aunque no sea visible, la presión del agua subterránea puede ejercer toneladas de fuerza hacia arriba.

Incluso una piscina de hormigón armado puede verse comprometida si:

  • No dispone de drenaje perimetral adecuado.
  • Se encuentra en terreno arcilloso con alta retención.
  • Se vacía durante un periodo de saturación.

El hormigón es un material resistente, pero no está diseñado para soportar empujes ascendentes desequilibrados sin contrapeso interior.


Qué daños puede provocar la subida del nivel freático

Los efectos pueden variar en intensidad según el grado de saturación del terreno y el tiempo que la piscina permanezca vacía.

Entre las consecuencias más habituales encontramos:

  • Microfisuras en paredes y fondo.
  • Desplazamientos milimétricos del vaso.
  • Grietas estructurales visibles.
  • Desnivelaciones en el perímetro.
  • Levantamiento parcial del fondo.

En situaciones más graves, puede producirse un levantamiento estructural significativo, comprometiendo la estanqueidad y obligando a realizar intervenciones de obra civil.

La reparación en estos casos puede implicar:

  • Demolición parcial del vaso.
  • Refuerzo estructural.
  • Sustitución de revestimientos.
  • Costes elevados de reparación.

Por ello, la prevención siempre resulta más económica que la corrección.


El error más frecuente tras una tormenta

Tras varios días de lluvia, es habitual que el agua de la piscina aparezca turbia, con restos orgánicos o barro arrastrado desde el entorno. Ante esta situación, muchos propietarios optan por vaciar completamente la piscina para “empezar desde cero”.

Este es el momento de mayor riesgo estructural.

Si el terreno está saturado y el nivel freático elevado:

  • La presión exterior se encuentra en su punto máximo.
  • El vaso pierde el peso del agua interior.
  • Se rompe el equilibrio de fuerzas.

Vaciar la piscina en ese contexto puede desencadenar el empuje ascendente y provocar daños irreversibles.

La recomendación técnica es clara: nunca vaciar completamente una piscina inmediatamente después de lluvias intensas o prolongadas.


Qué hacer correctamente tras lluvias prolongadas

En lugar de actuar sobre la estructura, debe actuarse sobre el agua.

En primer lugar, es recomendable mantener el nivel estable. Si el agua ha subido por encima del skimmer, puede bajarse ligeramente, pero nunca vaciar completamente el vaso mientras el terreno esté saturado.

A continuación, debe recuperarse el equilibrio químico.

Tras lluvias intensas, lo habitual es encontrar:

  • Descenso del nivel de cloro por dilución.
  • Alteración del pH.
  • Incremento de materia orgánica.
  • Turbidez o coloración verdosa inicial.

El procedimiento adecuado sería el siguiente:

En primer lugar, comprobar el estado real del agua utilizando un estuche de comprobación de pH y cloro. Medir con precisión evita añadir productos de forma innecesaria y permite ajustar correctamente el tratamiento.

En segundo lugar, ajustar el pH mediante pH+ o pH- según el resultado obtenido. El rango óptimo debe situarse entre 7,2 y 7,6 para garantizar la eficacia del desinfectante.

En tercer lugar, reponer el nivel de desinfección. Si la alteración es significativa, puede realizarse un tratamiento de choque con cloro granulado o hipoclorito sódico, especialmente útil cuando existe alta carga orgánica.

Por último, es recomendable aumentar las horas de filtración durante varios días consecutivos hasta recuperar completamente la transparencia y estabilidad del agua.

El objetivo no es únicamente mejorar el aspecto visual, sino restablecer el equilibrio químico sin comprometer la estabilidad estructural de la piscina.


Señales de alerta tras lluvias intensas

Conviene vigilar determinados indicios que podrían indicar presión exterior anómala:

  • Aparición de grietas nuevas.
  • Movimientos en el pavimento perimetral.
  • Desnivelaciones visibles.
  • Separación entre el vaso y el entorno.
  • Fugas inesperadas.

Ante cualquier señal estructural, es preferible consultar antes de intervenir.


Conclusión: el agua como elemento estructural

Una piscina no es únicamente un espacio de ocio. Desde el punto de vista técnico, el agua que contiene forma parte del equilibrio estructural del conjunto.

Las lluvias intensas no suelen provocar daños por sí mismas. El problema surge cuando se toman decisiones precipitadas, especialmente el vaciado completo del vaso en un terreno saturado.

Mantener el equilibrio, actuar con criterio y priorizar la estabilidad estructural frente a la limpieza inmediata puede evitar reparaciones costosas.

Antes de vaciar una piscina tras un temporal, conviene analizar el contexto del terreno. En muchas ocasiones, la mejor decisión es conservar el agua y corregir el tratamiento químico.

La prevención siempre será la intervención más rentable.

piscina3
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